Muchas veces he hablado del placer de leer, en muchas ocasiones, en mis conferencias o reflexiones he citado al gran pensador francés Roland Barthes y sus teorías de la lectura como acercamiento a la experiencia inolvidable de los goces del lenguaje. Creo fervientemente en que es el placer la única y más poderosa motivación que nos lleva hacia la lectura.
Mas, últimamente, mis preocupaciones por encontrar un camino para transitar acompañando a lectores por el mundo de los libros y encontrar recursos para hacer que la gente disfrute de este acto libre e inequívocamente trasgresor me han hecho reencontrar con el escritor bonaerense Alberto Manguel y sus afirmaciones convincentes y a la vez reveladoras que nos demuestran la importancia que tiene el lector y el acto de leer. En todo proceso de escritura, o de creación escrita es el lector el único destinatario y la vez el origen del texto.
Nuestra sociedad, demasiado proclive a mitificar, ha desmesurado la adoración a las figuras y ha hablado demasiado de los autores, olvidando a los lectores en los estudios y en las reflexiones literarias.
Pero el acto de leer no es un mero pasatiempo o hecho intrascendente para “matar el tiempo”. Ya Federico García Lorca, nos dice: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo". No me refiero a nadie ni quiero herir a nadie; no hablo de la realidad viva, sino del problema planteado sin solución“. Él emplea los argumentos referidos al teatro, yo los hago extensivos al consumo de todo hecho artístico, incluida la lectura literaria.
El verdadero lector, el auténtico visitador de libros, es un ser comprometido con la vida, con la esencia de lo humano. Es voraz, exigente y ansioso buscador de textos de calidad. Es un consumidor insatisfecho que no sacia jamás su hambre de letras, de textos, de libros.
Nunca un verdadero lector es pasivo, jamás se queda impávido ante la vida. No es un espectador sino un activista que se sumerge en las palabras para reivindicar la reconstrucción de su mundo, del mundo. En cada libro comenzamos un viaje al conocimiento y esos viajes nos inician, o reinician, en el tránsito por la vida y la muerte. La esencia del estar en este lugar que llamamos mundo.
Cuando llega el caluroso julio cargado de banales consejos de verano, nos quieren, una vez más, comercializar la vida. Nos anuncian, cuando deciden anunciar un libro, lecturas ligeras para los tiempos de estío. Editoriales, algunos enseñantes o animadores nos hablan de libros para “matar el tiempo”. ¿Es aconsejable matar el tiempo? Tan escaso, tan fugaz, tan efímero.
Jamás se une en los modelos de publicidad que dominan nuestras vidas la belleza, el goce, el placer o la juventud con el mundo de los libros, de las bibliotecas, del pensamiento.
Un paisaje bucólico, una plaza, un rincón de silencio y bienestar al lado de un ser agradable, de mirada audaz y simpática mientras abre un libro, como si fuese a encontrar en él, el mayor de los tesoros, el más arrebatador ser.
Jamás nos anuncian en carteles de las autopistas, en televisión, en la radio o en la prensa que leer es placer y poder. Es goce y crecimiento.
Yo diría que no hay lectura ligera, que no hay libros para pasar el rato, sino malos o buenos libros.
Los malos no nos llevan a ningún lugar. Pero los buenos… Esos nos descubren el camino para ser poderosos. Ese es el acto de lectura que creo más fructífero, aquel que nos hace fuertes, capaces de pensar, de sentir, de ser nosotros mismos.
Es por eso, la lectura un acto de poder y rebeldía. Nadie que haya leído los grandes libros se deja dominar, jamás un lector voraz ha sido engañado.
Alberto Manguel afirma en una frase rotunda lo siguiente: “Quizá pudiese vivir sin escribir. No creo que pudiera vivir sin leer”.
Es que es muy difícil recorrer el camino de esta vida sin viajar acompañado de Cervantes, Lope, Góngora, Borges, Kipling, Stevenson, Lorca, Joyce, Valle-Inclán, Wilkins, Keats, García Márquez, Machado o Miguel Hernández.
Tantos autores y tantos textos que jamás matan el tiempo, sino que llenan de vida y contenidos nuestras horas más intensas.
Ana Pelegrín, Raíz de amor (Antología de poemas amorosos), Alfaguara, 1999
El verano es un buen momento para releer los grandes poemas que han viajado con la humanidad a lo largo de muchos siglos. La poesía es fundamental para saborear el lenguaje literario, para mecernos entre los versos y las emociones.
La autora de esta hermosa antología nos plantea una completa recopilación de poemas sobra la temática amorosa. Las distintas formas de amar, las diferentes facetas del amor. La obra está dividida en cinco bloques: el descubrimiento del amor; el desamor y sus penas; acercamiento al pasado; la pasión y los romances tradicionales. Adecuada para jóvenes y para adultos que no tengan miedo a sentir.
Todos sabenos que contar historias es extremadamente importante y beneficioso para los niños desde la más tierna edad. Embelesar a los bebés con la melodía de la voz de la madre o del padre contando historias es un contacto con la emoción estética, con el primer placer de oír. Luego sigue el libro, el tocar el objeto, el tenerlo entre las manos.
Después el reír, llorar, asustarase o enfadarse con los trextos, con las palabras, con los cuentos.
Más tarde experimentar la creación.
Luego querer hablar de lo leído.
Nunca se lee para la soledad, se lee para compartir.
Todo ello forma parte de las estrategias que crean lectores.
Por eso contar historias a los niños permite conquistar un campo que la imaginación jamás abandonará.
En estas líneas quiero compartir con las personas que visiten mi página las últimas lecturas que me han hecho viajar por mundos mágicos, o las que me han hecho reflexionar, sentir o revivir mis mundos dormidos. Una lectura está realizada plenamente cuando se comparte con alguien, por eso quiero compartir contigo estas lecturas, al menos una cada mes.
Compartiremos mis reflexiones, mis dudas; abriré en estas páginas un vínculo con el corazón de aquellas personas que deseen ser incorformistas. No podemos quedarnos sentados y ver pasar la vida. Toda persona que se relacione con el mundo de la cultura, de los libros, de la creatividad, tiene un compromiso que debe asumir. Compromiso con la vida, con la gente, con la palabra.