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Cenicienta es de esos personajes de la llamada literatura infantil que representa uno de los arquetipos más ricos y complejos de la cultura universal. En todos los tiempos y en todas las culturas han florecido los mitos y a través de éstos se intenta canalizar la energía del cosmos y explicar conceptos y fenómenos que la mente humana es incapaz de descifrar. Estos mitos y creaciones poéticas inconscientes es lo que Jung denomina creaciones del inconsciente colectivo.
Este arquetipo de la muchacha que es obligada a vivir entre cenizas y se libera a través del amor aparece por primera vez, en la cultura occidental, en la recreación el Asno de oro de Apuleyo. La armonía entre el ser humano y la naturaleza hace que el viaje del alma por el mundo llegue a su final con el triunfo del amor. En la leyenda o mito de Eros y Psique encontramos reflejado este conflicto, que se proyecta en todo el mundo a través del cuento de La Cenicienta.
Pocas manifestaciones artísticas existen tan antiguas como el cuento. Cuando hablamos de este género olvidado en las historias de la literatura y en los estudios de crítica y teoría literarias, estamos hablando de unos textos que han estado presentes en las manifestaciones artísticas de cualquier pueblo desde el comienzo de la civilización.
De la misma manera que estudiamos el cuento, cuando abordamos los estudios teatrales, debemos empezar por el comienzo de los tiempos. Es el arte teatral uno de los vestigios que hacen pensar que la humanidad ha estado preocupada por entender el mundo y entenderse a sí misma desde que las gentes empezaron a manifestar sus conflictos y sus gestas.
Las primeras nociones que aparecen de cuento y de teatro como géneros literarios se encuentran en civilizaciones tales como el Cercano Oriente, Egipto, Israel, Grecia, Roma, India o China. Como en la antigua Grecia, en otras civilizaciones anteriores, el teatro se organizó en géneros de los que es posible rastrear su nacimiento y evolución a partir de las danzas y los rituales sagrados .
Desde los comienzos se nota la tendencia a agrupar los géneros serios y los festivos, de la misma manera que se diferencia lo lírico y épico de lo narrativo. Encontramos numerosos casos de teatralización a partir de la literatura narrativa. Ejemplos de esta influencia o de este intercambio entre narración y géneros dramáticos los encontramos en la India, en el Ramayana y en el Mahabharata. Es, quizá, en el arte hindú donde la relación entre la danza, el teatro y lo narrativo está más claro.
Centrándonos en el texto que hoy queremos analizar, tenemos que partir de su vinculación a las culturas y a las tradiciones míticas de los pueblos del Oriente, si bien decíamos en la introducción a este pequeño artículo, que en el mito griego de Eros y Psique ya aparecen los arquetipos y conceptos de la vida del célebre cuento de hadas.
Si analizamos La Cenicienta encontraremos muchos datos acerca de su origen ancestral, emparentado con los mitos y las leyendas de origen popular que aparecen siempre en las primeras manifestaciones de la narrativa. La primera versión de La Cenicienta es de origen oriental, como la mayoría de estos textos. La primera recopilación data del año 863 antes de Cristo y se tituló en su origen La huerfanita. Esta versión fue incluida por Arthur Waley en su libro Chinese Cinderella Story. Pero las numerosas versiones de este texto se recogen en un libro de Mirian Cox titulado Cinderella: 345 variants.
Si estudiamos estas diferentes versiones, procedentes de diversos países y culturas, encontramos distintas concepciones del personaje y de ciertas relaciones que se establecen entre la protagonista y otros personajes del cuento. Así como también podemos rastrear vinculaciones con mitos y leyendas del pasado. En muchos de estos textos parece insinuarse una relación incestuosa con el padre o, al menos, edípica. Coincide todas las historias divulgadas por Asia, Europa y África en el conflicto: una muchacha huye de un padre que quiere casarse con ella. Este problema se recoge en la literatura popular hispana en romances como Sildana, que quiere ser violada por su padre.
En todas las versiones la heroína es condenada a vivir entre las cenizas, junto a los fogones, el lugar más degradado de la casa. Pide un regalo o don que suele ser una rama que planta sobre la tumba de su madre que se convierte luego en un árbol benefactor. La relación en los cuentos tradicionales con el mundo del más allá es constante y podemos encontrar numerosos textos en los que las ramas, las cenizas de los antepasados o los árboles que surgen de las tumbas son los elementos benefactores de los protagonistas. Recuérdense textos de la tradición hispana como La flor del lililá o La flor del olivar en algunas versiones; o en textos con o Periquillo y Mariquilla. Frazer en su libro La rama dorada nos expone ciertos ritos indígenas que nos explican estos motivos:

La tradición de haber sido distribuidos por todo el país los fragmentos del cuerpo de Osiris y enterrados por Isis en los lugares donde los encontró, muy bien puede ser la reminiscencia de una costumbre semejante a la que practicaban los khondos, que dividen una víctima humana en trozos y entierran éstos en sus campos a una distancia de muchos kilómetros unos de otros.
Así, si estamos en lo cierto, la clave de los misterios de Osiris nos la ofrecen el melancólico lamento de los segadores egipcios que hasta los tiempos romanos podía oírse año tras año resonando a través de campos, anunciando la muerte del espíritu del cereal, el prototipo rústico de Osiris. Exclamaciones semejantes, como ya hemos visto, se oyeron en los campos de recolección del Asia Menor .

Todos estos ritos, relacionados con la fertilidad, se distribuyen por todo el mundo, desde América a las Filipinas encontramos rituales en los que se trocea a las víctimas y se esparce su sangre y sus restos por los campos.
En otros encuentra animales que la ayudan a sobrellevar los malos tratos de sus hermanastras y madrastra. En la versión china es un pez que la madrastra manda matar y comer, luego ella recupera las espinas del pez y estas se convierten en el objeto benefactor. En la versión de Islandia, la madre muerta se aparece en sueños para cuidar a la heroína maltratada y guía sus pasos con un objeto mágico que le regala.
La Cenicienta búlgara presenta elementos más unidos al sentido de ciertos ritos ya analizados. Mara Cenicienta desobedece a su madre y va al baile sin permiso. El diablo en castigo convierte a la madre en vaca. El padre sin reconocer a su mujer, manda matar la vaca y se la comen. Mara Cenicienta recoge los huesos y los entierra bajo el fogón. En esta versión las hermanastras y la madrastra compiten primero por el amor del padre y luego por el del pretendiente.
En Egipto encontramos una versión interesante en la que no hay una protagonista sino dos. Se trata sorprendentemente de dos hermanos varones. La buena madre ha sido transformada en vaca y alimenta a los muchachos. La madrastra la descubre y la manda matar. Los hermanos queman los huesos del animal y entierran las cenizas en una vasija en la que plantan una semilla de la que nace un árbol que alimenta a los niños.
Hay otra versión egipcia más antigua aún que la china, en la que se narra que un águila es encargada de robar los zapatos de una mujer llamada Rodopis, los deja caer sobre el Faraón y, este, creyéndolo un designio divino, manda buscar a la joven para casarse con ella.
Ni en la primera versión europea de Basile ni en la China se toma como motivo central del texto la rivalidad entre las hermanastras, ni la aparición de carrozas, hadas, ni desenlace feliz. En las versiones más conocidas de este cuento son estos los motivos centrales.
La primera versión europea se publicó en Nápoles, en 1635, y en ella Cenicienta asesina a su primera madrastra a instigación de la que será la segunda de sus madrastras, más cruel incluso que la asesinada. Al igual que en la Bella Durmiente, los incestos y los asesinatos más crueles forman parte de la trama de estos textos. Pero si analizamos versiones encontrados en Irlanda, la madrastra mutila los talones y los dedos de los pies de sus hijas para calzarles el zapato.
Todos estos descuartizamientos o mutilaciones tienen relación con rituales de iniciación, como dice Propp «no se trata de conseguir una cicatriz como una señal de que ha tenido lugar una iniciación» . Iniciación a la vida de unas muchachas, maldades y problemas de la vida y las relaciones humanas. En estas sociedades que podemos llamar preliterarias la transmisión oral del conocimiento acumulado se vio facilitada por la creación de historias maravillosas que explicaban ese encuentro del bien y el mal, esa lucha eterna entre la vida y la muerte. Todos estos cuentos son un espejo mágico que reflejan una porción de un yo colectivo y de un ayer.
Estos cuentos, como argumenta Bettina Hürlimann, «tienen que contener una verdad íntima. Las cuentas tienen que cuadrar. Pero el curso del relato ha de ser inverosímil, esto es, debe ocurrir lo imposible por medio de encantamientos y maravillas. Las dificultades de la vida deben ser superadas con medios extraterrestres y fuerzas inverosímiles, como las botas de siete leguas, la sabiduría o astucia clarividentes, el recurso a la invisibilidad o mediante el apoyo de espíritus protectores tales como gnomos, elfos y gigantes» .
La sabiduría popular, en suma, sabe distinguir entre una estructura narrativa coherente y un argumento inverosímil. Lo creíble es lo narrativamente bien estructurado. La forma actúa en la mente del oyente o del lector. Cuando un texto es lógico desde su estructura narrativa, es también lógico y verosímil aunque hable de seres alados y mágicos, y aunque destruya los conceptos de espacio y tiempo de la realidad.

Al calor de las cenizas (Número 4 Diciembre de 2001)
Ernesto Rguez. Abad

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