Scherezade tejía con palabras. Sabía embrujar con redes de aire. Sentada en el lecho, al lado del sultán, el huso en la mano, entretejía frases con hilo de seda y, con su voz, extendía manta capaz de proteger a los oyentes del frío de la soledad.
Las palabras habladas han sido el camino de llegado al libro.
La voz acaricia a los que escuchan..
La lectura es un medio de liberación.
Lectura es viaje iniciático hacia el mundo adulto.
Leer es el reencuentro con uno mismo y con los demás.
Leer es crecer desde dentro.
Un libro nos abre ventanas al mundo.
Un libo es comunicación.
Leer es ansiedad por llegar a mundos desconocidos.
Decía Isak Dinesen: “Leo con el apetito de una muchacha que piensa que va a encontrar en los libros al príncipe encantado”.
Es una propuesta para soñar, para crear historias desde el juego. Los poetas, los creadores han soñado palabras, colores, sonidos. Esta caja es una puerta abierta al mundo de la ensoñación. Si queremos abrir los caminos de la lectura hemos de aprender a soñar.

Los objetos cotidianos se deben teñir de arte. Un cuento cada mes, una ilustración para cada historia. Es importante llenar de magia la vida. Hacer que cambiar la hoja del calendario para pasar de mes, se convierta en una manera de viajar hacia los cuentos y las imágenes.

Recuerdo que cuando era pequeño, mi madre solía
sentarme junto a ella y me contaba historias. El ruido
de la máquina de coser Singer nos envolvía
y yo veía el hilo de la aguja enlazar las telas
como las palabras que iban embrujando mi oído.
Un día mi dedo corrió junto a la tela
y mi madre me cosió con el traje que estaba preparando.
Aquel día me quedé enredado en las palabras.
También recuerdo a Maruca una señora que
vivía en África y que, cuando venía
al pueblo, me regalaba libros que compraba en el viaje
de regreso para mí. Eran mi tesoro particular.
Solo unos pocos lo podrían admirar. Eran los
libros esperados. Ella me traía la fantasía
cada vez que, con hálito de aventuras y trajes
llenos de los colores de la selva, regresaba del continente
de las palabras extrañas y los cuentos de aventuras.
Luego conocí a narradores que eran capaces de
hacerte soñar con mundos y lugares extraños.
La risa, los miedos, los sueños habitaban en
las voces de aquellos que sabían narrar historias.
Animar a leer es transmitir la pasión por los
libros, por la palabra. Mi madre me corrompió
el alma para siempre cuando me recomendó, siendo
aún niño, leer Cumbres borrascosas,
luego vinieron las novelas de Baroja, Walter Scott,
Espronceda, y Bécquer.
¿Qué quedaba? Aprender a transitar por
las sendas de las palabras. Hacerme amigo de los versos
de Machado, Lorca y pasear por Macondo de la mano de
García Márquez, e irme a buscar gigantes
y aventuras con Don Quijote.
Leer es abrir ventanas frente a nosotros y volar. Ser
libres para transitar el mundo.
Breve síntesis de sus actividades relacionadas
con la animación a la lectura.
- Durante los años 1994-97. crea y dirige las
Jornadas de animación a la lectura en la Universidad
de La Laguna, en la que participan personalidades del
mundo del Arte y la Literatura como Ana Mª Matute,
Carmen Bravo Villasante, Adolfo Marsillach, Pépito
Mateo, Maryta Berenguer y un amplio número de
profesoras, narradores y profesionales de la narración.
- Programa de radio en Radio Aguere La Laguna, titula
El espejo de Jano, es guionista y presentador, está
dedicado al mundo de los libros y los lectores.
- Imparte cursos y talleres en los Centros de Profesores
de Canarias desde hace más de 15 años,
versando todos estos talleres sobre animación
lectora, teatro infantil y enseñanza de la literatura.
- Dirección, junto a Elvira Novell, de la colección
de animación a la lectura, Editorial Catarata-FETE-UGT.

- Codirección de las Escuelas Lectoras de España,
proyecto FETE-UGT, en convenio con el Ministerio de
Cultura.
- Participación en congresos y tallares internacionales
en Brasil, Argentina
- Creación de objetos para animar a leer como
Cuentolarios en los que cada mes incluye un cuento.

“El lector adquiere una serie de capacidades que
las personas no lectoras jamás podrán
adquirir. Generalmente la persona que ha desarrollado
un hábito lector tiene una mayor capacidad de
autoconfianza, desencadena los recursos necesarios para
obtener vivacidad lingüística y mental,
capacidad de lirismo, de fantasía y genera una
capacidad de comprensión de pensamientos abstractos
y de lenguajes con un alto grado de complicación
estética.
Los lectores en general tienen características
que trataremos de resumir a continuación.
- El lector un una
persona capaz de enfrentarse el mundo y a sí
mismo para conocerse.
- Desarrolla una capacidad de aventura, de viaje maravilloso,
superior a otros seres humanos.
- El lector es un ser más amable e integrado
en la naturaleza.
- Tiene más capacidad de integración con
otros seres humanos.
- Un lector es una persona que gana espontaneidad, soltura.
- Tiene una mayor capacidad para expresar sentimientos,
emociones y pensamientos.
- Los silencios de los lectores son momentos reflexivos,
ricos en sensaciones, pensamientos y buscan el placer
de la rememoración.
- Desarrolla un sentido crítico muy difícil
de desarrollar en el que no ha desarrollado un hábito
lector.
- Un lector se acostumbra a elaborar mejor sus pensamientos
y su conocimiento del universo.
- Un pensamiento bien estructurado y elaborado repercute
directamente en una correcta y rica expresión
hablada y escrita.
- Un buen lector aprende a analizar y profundizar en
sus sueños, valores y objetivos.
- Un lector es capaz de analizar y trabajar mejor sus
emociones, pues aprende a verlas desde fuera y a expresadas
en los conflictos íntimos de los personajes.
- El lector amplía el universo lingüístico
y como consecuencia hablará y escribirá
con naturalidad y seguridad.
- Aprende a leer sus actitudes en los otros y como consecuencia
el autoconocimiento de sí es más directo,
seguro y certero.
- La lectura aleja el tedio.
- La lectura hace que la ignorancia no sea osada y hace
que el ser humano sea más tolerante.
- La lectura hace que el ser humano sea capaz de ver
con mayor claridad el mundo y aleja preocupaciones innecesarias.
- El lector tiene las claves del mundo en sus manos,
pero también adquiere la capacidad de usarlas
solo en los momentos necesarios.
(Extraído del
libro Animando a animar).
Cuento.
El Faraón que vivió en un cuento.
La sombra de la pirámide
se hacía inmensa en el atardecer. El cielo convertía
en rojos los colores. Quedaba la silueta recortada sobre
la arena en oscuros fríos. El silencio era una
puerta en la inmensidad.
En aquella hora, en la imprecisa luz del crepúsculo,
el Faraón se sentaba frente al desierto. Le gustaba
sentir la eternidad. Pensaba en el mundo, en las cosas,
en las personas que lo rodeaban.
Las estrellas lo sorprendían cada noche con los
ojos brillantes y en la boca miles de preguntas sin
hacer.
Después de la opulenta cena, en las tertulias
del palacio, había pocas cosas para decir. La
madrugada atravesaba fría la arena del desierto.
El Faraón estaba aún pensando, envuelto
en linos blancos, sin que acudiera el sueño.
Había oído hablar de unos hombres que
contaban historias en el mercado. Venían de lejos,
nadie sabía de dónde, ni por qué
caminos habían llegado. Pero en sus túnicas
estaba adherido polvo de caminos astrales. Y los que
los habían oído aseguraban que sus palabras
quemaban como soles y podían cortar como los
cuchillos más afilados. Pero lo más importante
era que cuando sonaban sus voces se acurrucaba el miedo,
y dormía.
- Que me traigan a
esos hombres hasta mi palacio. Dicen que son los dueños
de la palabra. Los que poseen el verbo, dominan el mundo,
lo conocen por dentro. Es que en el nombre de las cosas,
están ocultas las cosas. Los quiero aquí
en mi palacio a la hora de la caída del sol.
Quiero oír cómo cuentan el mundo.
El Faraón dio
la orden con la mirada oblicua llena de fuegos aún
no descritos. Los hijos, solícitos, salieron
en busca de los desconocidos. Los encontraron en el
tumulto de la plaza del mercado. Estaban rodeados de
personas a las que sus voces envolvían. Parecía
que los que escuchaban, no estaba allí, que viajaban
a tiempos y a lugares impensados, no dichos aún
o que no existían. La gente se retiraba con los
ojos encendidos, ahítos de alimento.
La pirámide se hacía sombras cuando el
Faraón oyó en las piedras del piso resonar
los pasos de aquellos desconocidos que venían
de los confines del mundo.
Los recibió en silencio, envuelto en la penumbra.
Sin palabras.
Los narradores ya sabían su cometido. Empezaron
a entretejer cuentos y una especie de red invisible
rodeó al Faraón.
Cada noche nacían relatos entre las piedras resecas,
venían leyendas en las voces de aquellos hombres
que nadie sabía dónde habían nacido.
Los verbos se entrelazaban con los sustantivos, los
adverbios y las conjunciones se deslizaban, los adjetivos
adquirían tonos brillantes, los nombres rebelaban
secretos.
La belleza estaba creada. La intriga de cada cuento
dejaba suspensos a cuantos lo oían.
Se les pagó con granos y con piedras preciosas
para que cada noche, al ponerse el sol, acudieran a
la cita.
El Faraón esperaba ansioso, con los ojos chispeando.
Una red laboriosa de palabras lo atrapó para
siempre. Prisionero en su palacio, viajó por
los hilos invisibles hasta espacios que nadie había
descubierto, visitó tiempos lejanos y arribó
a años que tardarían mucho en llegar,
habló con personajes que nadie había conocido.
Conoció los
secretos de las palabras.
(Extraído
del libro Te cuento para que cuentes)